Anécdotas

¡A horse,…., a horse, my kingdom for a horse!  (Frase de Shakespeare en Ricardo III).

                Estas son las palabras del rey inglés Ricardo III en la batalla de Bosworth, el 31 de agosto de 1485. Cuentan que este rey se preparaba para entrar en combate contra Enrique Tudor, conde de Richmond. Para este acontecimiento la mañana de la batalla mandó herrar su caballo, pero ante la inminente llegada del enemigo al herrero sólo le dio tiempo para colocar tres herraduras y la cuarta a falta de un clavo. En medio de la batalla, el caballo del rey perdió esa cuarta herradura, tropezó y cayó al suelo junto con el rey. Ricardo, agitando al cielo su espada, clamó: ¡Un caballo,…, un caballo… mi reino por un caballo! Los soldados de Enrique dieron cuenta de él y murió en combate. Por falta de un clavo se perdió una herradura; por falta de una herradura, se perdió un caballo; por falta de un caballo, se perdió una batalla; y por falta de una batalla, se perdió un reino. Moraleja: Con esta anécdota se nos enseña a cuidar de las pequeñas cosas, de los pequeños detalles y que la soberbia es mala consejera.

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CABALLEROS TEMPLARIOS FUNDADORES (1118)

Pertenecen a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón. Templarii milites, frates militiae templi, pauperes commilitones Christi templique Salomonis. Su divisa era: Non nobis Domine, non nobis, sed Nomine tuo da gloriam, es decir: No para nosotros Señor, no para nosotros, sino para la gloria de tu Nombre.

Tanto Guillermo de Tiro, como Jacobo de Vitry coinciden en que fueron nueve los caballeros fundadores y que permanecieron juntos y ellos solos en el palacio próximo al Templo de Salomón durante nueve años. Estos nueve caballeros fundadores, y reunidos a instancias de Hugo de Payns y de Geoffroy de Saint Omer, fueron:

1.- Hugues de Payns o Hugues de Payens, vasallo del conde Hugues I de Champagne, también conocido como Hugues de Paganis, incluso como Hug de Pinós que es Hugo de Bagá, de donde procede Hugo  Baganus y de aquí proviene -según dicen- Hugo Paganus  y Hugues de Paganis. Fue el Primer Gran Maestre de la Orden. Pariente por matrimonio con los St. Clairs of Roslin (Los Sinclair de Rosslyn). Murió el 24 de mayo de 1136, se ignora la causa pero consta que no fue en combate. La evolución ortográfica del toponímico pudo ser: Hug de Bagá > Baganus > Baganis > Paganis > Payanis > Payenis > de Payens > de Paynes > de Payns. 

2.- André de Montbard, tío de Bernard de Clairvaux el fundador de la orden Cisterciense y también vasallo de Hugues de Champagne.

3.- Godofredo de Saint Omer o de Saint Aumer o Aymar, que es Godofridus de Sancto Audomaro, de Flandes. Es Geoffroi de St. Omer, hijo de Hugh de St. Omer. También conocido por documentos de la casa de los condes de Ribagorza como Jofre de Adimaro. Puede ser incluso un tal Godfroi, así sin más apellido, considerado como un posible noveno fundador.

4.- Godofredo Bisol o Bissol o Geoffroi Bisol o Bisoi.

5.- Payen  de Montdidier (en otros sitios se le llama Nivard), pariente de la familia gobernante de Flandes.

6.- Achambaud o Archambeau de Saint Amand, también pariente de la casa gobernante de Flandes. Es Archibaldo de Saint Amand o de Saint Agnan.

7.- Rosal, Rossal, Roral o Roland, monje cisterciense, aparece también como Jacques de Rossal que puede ser Godofredo de Roval.

8.- Gondemare o Gondemaro, también monje cisterciense.

9.- Y un tal Godfroi. Ver Godofredo de Saint Omer. En otros sitios se cita como uno de los nueve fundadores a Hugues Rigaud en vez de este Godfroi.

 Parece ser que a estos nueve (u ocho) caballeros fundadores se les unió posteriormente -antes de 1125- a la fundación de la orden en 1118 el conde Hugues I de Champagne. Hacia 1120 se les unió Fulco de Angers o Foulques D’Angers que algunos identifican con el enigmático Gondemaro o Gundemar. Los señalados con negrilla pueden ser los nueve fundadores más probables.

 Los votos de estos monjes según la Regla Latina inspirada por el padre espiritual de los templarios Bernardo de Clairvaux o Claraval en la de los canónigos regulares de San Agustín, eran tres: Obediencia, castidad y pobreza.

El estandarte y grito de guerra de los caballeros templarios era el “Beauseant” (Sé Honorable, lucha en el campo de batalla según las reglas del honor, Sé Noble, Sé Glorioso), formado por dos cuadros, uno blanco situado en la parte inferior o a la derecha del gonfalón; y otro negro, en la parte superior o a la izquierda del gonfalón, sobre los que a veces campeaba sobre el todo la cruz roja de ocho puntas del Temple. El color blanco hacía alusión a la grandeza de alma y buen corazón de los monjes templarios, como la blancura de los corderos en tiempo de paz; en cambio el color negro aludía a la fiereza en combate de estos caballeros soldados, como la de los leones en tiempo de guerra, lo cual tenía el doble significado de que los  templarios eran monjes -simbolizado por el blanco- y a la vez guerreros -simbolizado por el negro- y que mantenían una doble batalla: la propia de un monje, consistente en una batalla interna consigo mismo para conseguir la gloria eterna, pero también otra batalla externa propia de los soldados que era la Guerra Santa contra los musulmanes para la reconquista de los Santos Lugares.

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Carlos I de España y V de Alemania era políglota.

àHablaba español con sus tropas, para que lo entiendan correctamente. Y con las damas porque estaba casado con una española.


àHablaba en francés a las mujeres, para enamorarlas, se dice del francés que es una lengua muy romántica. Y en la corte, porque entonces era el idioma más hablado.

 

àHablaba en alemán a su caballo, para darle órdenes (el alemán es un idioma muy utilizado para dar órdenes de entrenamiento a los animales). Y con los lacayos para indicar su soberanía sobre Alemania.

 

 àHablaba latín con Dios, para estar a bien con Roma.

 
àHablaba italiano con los músicos, porque en esa época eran los más famosos.
 
àHablaba inglés con los caballos o con los perros para molestar a su gran enemigo.
 
 
 Mi  interpretación es la siguiente:

 Habla español con las tropas: ¡Sin duda! Aunque nunca hablara castellano, según se dice. Lo que convirtió a Carlos en Emperador no fue sólo su herencia en Alemania, sino, sobre todo, su ejército de españoles.

 Habla francés con las damas: Francia era la otra gran potencia de la época. Su gran enemigo era Francisco I, el único que podía enfrentarse a él en igualdad de condiciones. Con esta frase despreciaría a su enemigo, llamándole “mujer” (es decir, aplicándole la idea que se tenía de la mujer antaño como “débil” e “incapaz”).

Habla alemán con los lacayos: Con esto indicaría su soberanía sobre los pequeños estados alemanes. Puesto que desde muy joven ya reinó desde España, sus posesiones en Alemania pasaron a ser territorios “secundarios” dentro de su Imperio, “lacayos” de España.
Habla latín con Dios: Carlos había sido coronado por el propio Papa León X en Aquisgrán. En realidad, el Papado de Roma dependía del apoyo del poderoso Carlos, con amplias posesiones estratégicas y numerosísimos ejércitos católicos por toda Europa, para hacer frente al pujante protestantismo. Por lo tanto, podía decir que hablaba con Dios en latín, porque el Papa hablaba por y para él.
Habla italiano con los músicos: Italia en aquella época no era “Italia”, sino una serie de pequeños estados con, lógicamente, un poder limitado. Por lo tanto, con esta frase Carlos estaría indicando que los italianos no eran un enemigo a tener en cuenta, sino que sólo servían para entretenerle tocando música para él, como siervos.
Habla inglés con mis caballos/mis perros: Desde luego que Inglaterra no era entonces la potencia en que más adelante se convertiría. Enrique VIII dependía de sus alianzas con España o Francia para afianzar su poder. Por lo tanto, Carlos le llama “mi caballo” o “mi perro”, porque efectivamente estaba en una posición de “vasallo” con respecto a él (como el Papa). Pero con esta frase lo desprecia hasta el punto de considerarlo menos que un siervo: un animal cualquiera, propiedad del rey-emperador.
  
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 El Grupo de los Cinco estaba formado por: Mússorgsky, Balákirev, Borodin, Rimsky-Kórsakov y César Cui.

Chaikowski rodeado de los Cinco: De arriba a abajo hacia la izquierda: Nikolái Rimski-Kórsakov, Modest Mússorgsky, Aleksandr Borodin, César Cui y Mili Balákirev.

Los Cinco eran principalmente de la aristocracia menor de las provincias. A cierto grado su “espíritu de cuerpo” dependía del mito, que ellos mismos crearon, de un movimiento que fue más “auténticamente ruso”, en el sentido que era más cercano a las raíces nacionales que a la clásica academia. Ellos trataron de incorporar a su música canciones típicas rusas, danzas cosacas y caucásicas, cantos de iglesia y el sonar de las campanas de estas (hasta el punto que el sonar de la campanas se convirtió en “cliché”. Los Cinco llenaron su música con sonidos imitativos de la vida rusa. Trataron de reproduces la lírica y melismática canción campesina, a la que Glinka una vez llamó “el alma de la música rusa”. Balákirev lo hizo posible por su estudio de canciones del Volga en los 1860. Más que cualquier previa antología, sus transcripciones preservaron los aspectos distintivos de la música folclórica rusa. Un característica de Los Cinco era su dependecia del orientalismo. Muchas obras esencialmente “rusos” fueron compuestos en estilo orientalista, como “Islamey” de Balákirev, “Príncipe Ígor” de Borodín o “Scheherazade” de Rimski-Kórsakov. El orientalismo, de hecho, se convirtió ampliamente considerado en Occidente como uno de los aspectos más conocidos de la música rusa y un rasgo de carácter nacional ruso. Como líder de “Los Cinco”, Balákirev alentó el uso de temas y armonías orientales para fijar su “música rusa”.

La formación del grupo empezó en 1856, con el primer encuentro de Balákirev y Cui. Músorgski se les unió en 1857, Rimski-Kórsakov en 1861 y Borodín en 1862. Todos los compositores de Los Cinco eran jóvenes. Balárikev tenía 25, Cui 27, Músorgski 23, Borodín 28 y Rimski-Kórsakov 18. Todos ellos eran autodidactas amateurs. Borodín combinó la composición con la carrera de Química. Rimski-Kórsakov era un oficial naval (escribió su Primera Sinfonía en un viaje de 3 años alrededor del mundo). Músorgski había estado en las Guardias, después en el servicio civil antes de tomar la música; incluso en el apogeo de su carrera en la década de 1870 fue obligado por la costa de su hábito de beber a mantener un trabajo a tiempo completo en el Departamento Forestal del Estado.

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Las vidas paralelas de Fleming y Churchill. Un distinguido noble inglés fue a pasar sus vacaciones con su familia a Escocia y allí en la laguna Lockfield su hijo de corta edad fue a bañarse y se quedó enfangado en los lodos de la orilla de tal manera que no podía salir corriendo con grave peligro de su vida. Comenzó a dar gritos pidiendo socorro y los oyó un labrador que estaba cerca de allí trabajando su parcela y le ayudó a salir de la ciénaga poniéndolo a salvo. Al día siguiente el noble inglés llegó a la casa del labrador en un lujoso carro y se presentó como el padre del niño que había salvado y le agradeció la buena obra de haber socorrido a su hijo queriendo recompensarle por ello, a lo que el honrado labrador dijo que no aceptaría nada pues era su obligación el auxilio prestado. En ese momento salió de la casa el hijo del labrador y el noble le preguntó al granjero que si era su hijo, al responderle afirmativamente, el noble le propuso que dejase a su hijo en sus manos que le daría una buena educación semejante a la de su propio hijo. El granjero aceptó y su hijo asistió a las mejores escuelas y con el tiempo se licenció en Medicina en la Escuela del Hospital St. Mary de Londres. Se trataba de Alexander Fleming, la persona a quien la Humanidad debe más reconocimiento por el enorme número de vidas salvadas por su descubrimiento, la penicilina, por lo cual recibió el premio Nobel. El noble inglés era Lord Randolph Churchill y su hijo, el niño que salvó el labrador en la ciénaga Lockfield, fue sir Winston Churchill, primer ministro británico. Con el transcurso de los años, Churchill enfermó de pulmonía y salvó la vida gracias de nuevo a los Fleming, ya que lo trataron con penicilina.

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El Autor sin Libro, el Escritor sin Escrito. Joseph Joubert, (1754-1824)

(Montignac, Périgord, 7 de mayo de 1754 – París, 4 de mayo de 1824). Fue un excelente moralista y ensayista francés recordado sobre todo por sus “Pensamientos” publicados póstumamente.

            Asistió desde los 14 años a un colegio religioso en Toulouse, donde posteriormente fue profesor hasta el año 1776. En 1778 fue a París donde conoció a D’Alembert y Diderot, entre otros. Posteriormente se hizo amigo del joven escritor y diplomático Chateaubriand. Colaboró, en un primer momento, con la Revolución; mas pronto, por los excesos de esa etapa, perdió toda ilusión por el ideal revolucionario. Joubert no publicó nada en vida, pero tuvo una amplia correspondencia y rellenó muchos cuadernos con pensamientos sobre la naturaleza del ser humano y la literatura. En tiempos de Napoleón fue nombrado Inspector General de la Universidad. Influido por el epicureísmo, Joubert se tomó con buen humor su propio sufrimiento ya que creía que la enfermedad afinaba el alma.

            Cuando murió, su viuda confió a Chateaubriand sus apuntes y, en 1838, publicó una selección titulada Recueil des pensées de M. Joubert (Colección de Pensamientos del Sr. Joubert).

            Entre sus “Pensamientos”: La pasión es el amor en llamas y la ternura es el reposo de la pasión. El placer no es sino la felicidad de una parte del cuerpo. Cierra los ojos y verás. La imaginación es el ojo del alma. Enseñar es aprender dos veces. Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil. La abeja y la avispa liban las mismas flores, pero no logran la misma miel. Quien no se haya observado a sí mismo lleva consigo una experiencia que ignora. Dios hizo la vida para vivirla y no para conocerla. A este esteta de tiempos de la Revolución Francesa, acaso un romántico prematuro, ha fascinado a toda suerte de literatos. Bautizado por Maurice Blanchot como ‘autor sin libro, escritor sin escrito’, Joubert fue un ilustrado tan obsesionado con la perfección, tan preocupado por formular una teoría literaria sobre la que luego basar su obra, en definitiva tan obstinado en su empeño por reflexionar antes que practicar, que la muerte le pilló sin haberle dado tiempo a escribir una sola novela. Joubert, a una edad ya adulta, prosigue sus lecturas, sus sueños, sus charlas, bastón en mano, prefiriendo –fuera el tiempo que fuese- pasear diez millas que escribir diez líneas; caminar y aplazar la obra, siendo como era, de ésos que siembran y que no construyen y fundan. Joubert es el secreto de algunos. Sus lectores, raros, han llegado a formar una especie de sociedad secreta…las reflexiones de Joseph Joubert tienen algo que las hace destacar por encima de las demás: quizá sea porque provienen de un hombre que sacrificó su propia obra para pensar la literatura; tal vez porque se han convertido en el secreto de otros autores; o puede que sea porque sólo hay que abrir ‘Sobre arte y literatura’ para darse cuenta de que Joubert fue un novelista extraordinario cuyo único fallo sería el hecho de no haber escrito una sola novela.

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